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DIDHEYA es una empresa industrial especializada en acero inoxidable, con tres líneas de negocio: interiorismo (tiradores para muebles y puertas correderas), movilidad urbana e industrial (asideros y puntos de agarre para trenes, autobuses y ascensores) y mobiliario urbano (bancos y sillas para espacios públicos). Aunque puedan parecer tres mundos muy distintos, el hilo conductor es el material —en el que somos especialistas— y, sobre todo, nuestra sensibilidad por el diseño. No nos conformamos con que un producto cumpla su función: buscamos aportar diseño y valor estético a cada pieza, ya sea el tirador de un mueble en casa, el asidero de un tren o el banco de una calle.
¿Cómo surgió la idea para montar la empresa?
La empresa nació en los años 90 en Irún, como tantas otras del tejido industrial vasco: por necesidad. La familia fundadora abrió una pequeña ferretería que fue creciendo. Al investigar qué productos podían fabricar en lugar de limitarse a distribuir los de otros, descubrieron que podían crear pequeños tiradores de acero inoxidable. Así nació Didheya, que llegó a convertirse en un referente en España.
Cuando llegó la crisis de la económica a España y se desplomó el sector de la construcción, tuvimos que buscar nuevas vías para mantener la empresa. Dimos un primer paso hacia la innovación: aprovechamos el mismo conocimiento técnico, hicimos los tiradores más grandes y los llevamos a trenes y ascensores, donde servían como puntos de agarre. Aprendimos muchísimo sobre industria, soldadura y fabricación bajo las normativas de sectores exigentes como lo es el ferroviario.
Aunque en ese sector la marca, de la que tan orgulloso nos sentimos, queda totalmente en un segundo plano: para los fabricantes de trenes o ascensores, la marca no es un valor añadido.
Por este motivo, realizamos un nuevo ejercicio de innovación y dimos paso a nuestra tercera y más reciente línea de negocio combinando lo mejor de ambos mundos: la sensibilidad por el diseño de los tiradores y la capacidad industrial que habíamos desarrollado con los asideros. Así nació nuestra colección de mobiliario urbano.
Nos aliamos con Jean-Louis Iratzoki, diseñador francés cuya trayectoria ha contribuido a definir la identidad estética de firmas de mobiliario como Alki, para liderar la dirección creativa del proyecto. Junto a su equipo, se sumergió en las capacidades técnicas y el conocimiento industrial de Didheya para transformarlos, desde su amplia experiencia en diseño, en una colección de mobiliario urbano con una identidad propia y una propuesta totalmente innovadora en el sector.
De este modo, ofrecemos una alternativa de proximidad, diseñada y fabricada en Euskadi, que sitúa el diseño en el centro y aporta una nueva perspectiva al mobiliario urbano, frente a las propuestas más tradicionales de hormigón o madera.
¿Cuáles son los retos más significativos a los que se enfrentan las ciudades y qué soluciones aporta vuestra empresa?
Uno de los grandes retos es que muchas ciudades están reduciendo el tráfico de coches, tanto en San Sebastián como en Madrid, y pasando de estar diseñadas para los vehículos a poner a las personas en el centro. Esta transformación exige más espacios comunes y más lugares donde sentarse y disfrutar del espacio público. Sin embargo, existe un desajuste evidente: las medidas para reducir el tráfico se implantan con rapidez, mientras que las soluciones urbanísticas y las obras avanzan mucho más despacio. La burocracia va a una velocidad y la necesidades de las ciudades, a otra.
Ahí es donde arquitectos, constructoras y proveedores tenemos que reaccionar con agilidad. Y es también donde la industria local puede marcar la diferencia. Cuando hay que equipar una plaza en poco tiempo, contar con proveedores cercanos facilita mucho las cosas a arquitectos y constructores, frente a depender de importaciones o de marcas lejanas. Si necesitas habilitar un espacio cuanto antes para que la gente pueda utilizarlo, tener la industria cerca es una ventaja real.
Además, vivimos en la sociedad del «para ayer», y es fácil caer en la tentación de poner parches: soluciones baratas, de vida útil limitada o fabricadas con materiales menos duraderos, solo para cumplir con lo que se necesita hoy. Por eso es tan importante que arquitectos e ingenieros defiendan ante los ayuntamientos y propiedades, soluciones pensadas para durar 50 años, en lugar de cinco.
¿Qué peso tiene el diseño del mobiliario urbano en la identidad de una ciudad y en cómo las personas usan el espacio público?
El diseño es clave para dar identidad a los espacios y evitar la homogeneización y la pérdida de personalidad que muchas ciudades están sufriendo como consecuencia de la globalización.
Puedes apostar por una solución puramente funcional o por otra que, además, aporte identidad.
Hay ejemplos muy claros: en Donosti, uno de los recuerdos que se lleva la gente es una reproducción de la barandilla de La Concha. Al final, es una barandilla, pero el cuidado y la intención con los que se diseñó la han convertido en un símbolo de la ciudad. En Barcelona ocurre algo parecido con el panot, la baldosa asociada a Gaudí, que incluso aparece en tabletas de chocolate.
Además, el diseño genera sentido de pertenencia. Si colocas el mismo banco funcional de hormigón en Donosti, Irún, Vitoria, Berlín o París, las ciudades acaban pareciéndose entre sí. En cambio, incorporar diseño e intención permite introducir un guiño local: ayuda a que la gente reconozca su entorno, valore más el espacio público y, en consecuencia, lo cuide.
¿Qué papel debería jugar la industria local en el equipamiento de nuestras ciudades y espacios públicos?
La industria local tiene un papel fundamental a la hora de ofrecer soluciones de proximidad, aunque eso a veces signifique nadar a contracorriente frente a regiones que cuentan con una larga tradición en otros materiales, como Cataluña con el hormigón y la madera.
Euskadi tiene un tejido industrial del metal muy potente. Aprovechar esa especialización histórica nos permite fabricar aquí soluciones de gran calidad y con identidad propia.
Y eso también supone un reto. Lo fácil, cuando se equipa una plaza, sería recurrir a grandes marcas de Barcelona o incluso de Asia. Pero en Euskadi tenemos la suerte de contar con una industria muy potente y especializada en metal, reconocida en toda Europa. En Didheya decidimos no competir con el hormigón o la madera en su propio terreno, sino hacer lo que mejor sabemos: trabajar el metal. Hace falta cierta valentía por parte de las empresas vascas para apostar por lo que tenemos cerca y ofrecer una alternativa hecha aquí.
¿Cómo integráis la sostenibilidad en vuestro mobiliario: materiales, durabilidad, mantenimiento y fin de vida del producto?
Para nosotros, la sostenibilidad empieza en el ecodiseño y en pensar en todo el ciclo de vida del producto. Desde el momento en que se concibe hasta que llega al final de su vida útil, hay que tener en cuenta cómo se va a comportar, cómo se instalará y qué necesitará para mantenerse en buenas condiciones.
Utilizamos acero inoxidable porque ofrece una gran durabilidad, especialmente en entornos marítimos y en condiciones climáticas exigentes como las de Euskadi. Frente a otros materiales, resiste muy bien el uso continuado y requiere poco mantenimiento, lo que ayuda a que el producto se mantenga en buenas condiciones durante décadas.
Además, tiene una particularidad curiosa: en ciertos entornos, el uso contribuye a mantener la superficie limpia. Cuando llueve y la suciedad se queda depositada, puede acumularse; en cambio, el contacto y el uso cotidiano ayudan a retirarla.
A veces cuesta explicar a un cliente que un banco de acero inoxidable puede costar el triple que una solución convencional, pero también puede durar mucho más. Para nosotros, la sostenibilidad consiste en pensar cuánto tiempo va a permanecer el producto en la calle, no solo en cómo sale de fábrica.
¿Cómo colaboráis con arquitectos, paisajistas y ayuntamientos para que el mobiliario forme parte del proyecto desde su concepción?
Implicamos a arquitectos y personal técnico desde el proyecto, ofreciéndoles herramientas flexibles, colecciones modulares —como piezas de Tetris o Lego— y distintas opciones de acabados y colores. Así pueden adaptar el mobiliario a las necesidades concretas de cada espacio: respetar árboles centenarios, seguir una curva o incorporar los colores que identifican a una ciudad. La idea es alejarnos de los catálogos cerrados y ofrecer soluciones que puedan ajustarse a cada lugar.
Sabemos que los proyectos suelen llegar con plazos muy ajustados y que, en esas circunstancias, es fácil recurrir a lo que se tiene más a mano. Por eso, en lugar de ofrecer soluciones rígidas de catálogo, proponemos colecciones modulares que permiten adaptar el mobiliario al espacio y hacer que forme parte de su identidad.
Con una población cada vez más envejecida, ¿cómo debe adaptarse el mobiliario urbano en accesibilidad, confort y diseño universal?
Es una pregunta compleja. Cuando diseñamos un producto, tenemos en cuenta cómo va a envejecer y cómo se va a comportar con el tiempo, pero las necesidades de las personas también son fundamentales. En Didheya intentamos abordarlas desde la propia concepción del producto.
Por ejemplo, en la colección HODI incorporamos pequeñas mesas que sirven para dejar objetos, pero que también están diseñadas para ofrecer un punto de apoyo firme a la hora de levantarse. En la colección AROA, el respaldo cortado a láser incorpora unas líneas diagonales que forman parte del diseño y, al mismo tiempo, sirven como punto de agarre. Además, al ser colecciones modulares, si un ayuntamiento necesita que uno de cada cinco bancos tenga respaldo y reposabrazos, podemos adaptar la configuración sin rehacer todo el proyecto. Así es más fácil responder a las necesidades de distintos usuarios.
¿Qué propuestas de mejora harías para el espacio público de tu ciudad?
Si miramos el mobiliario urbano de Euskadi, vemos que es muy práctico, pero que en muchos casos ha ido perdiendo identidad. Hubo una especie de época dorada, allá por los años 50, en la que el mobiliario se diseñaba casi a medida para cada ciudad y tenía un carácter propio. Después, al crecer las ciudades a gran velocidad, se empezó a recurrir más a productos de catálogo, a menudo sin tanta personalidad.
Hoy admiramos muchos de los espacios y edificios de antes, mientras que algunos desarrollos nuevos y barrios periféricos nos resultan fríos e impersonales. Para mí, la gran mejora sería recuperar la sensibilidad por el diseño en el espacio público. Hay que superar la idea de que todo debe construirse rápido y barato, así como el miedo a probar cosas nuevas. Necesitamos volver a prestar atención al detalle y apostar por equipamientos con personalidad, en lugar de recurrir siempre a soluciones estandarizadas y de vida útil corta.
Mensaje final:
Desde Didheya queremos contribuir a que la gente vuelva a sentirse orgullosa de la identidad de sus calles. Hubo una época en la que los elementos urbanos definían la personalidad de cada lugar, y nos gustaría que el diseño volviera a tener ese papel. Queremos que, a través de nuestras colecciones, la gente disfrute de productos cuidados en su día a día. Algo tan sencillo como una papelera o un banco puede convertirse en un objeto especial si se diseña con intención y cariño, y no pensando únicamente en que sea barato.
Tenemos que sentirnos orgullosos de la industria local. Euskadi es un referente en el trabajo del metal y debemos aprovechar ese conocimiento para crear productos competitivos y duraderos. Apostar por la industria local es nuestra manera de entender la sostenibilidad: fabricar piezas que no sean efímeras, que mantengan su esencia y sigan en buenas condiciones en la calle durante décadas.
Y algo muy bonito de nuestro trabajo es que, casi sin darnos cuenta, acompañamos a las personas a lo largo de su día a día: por la mañana utilizan un tirador de Didheya para abrir el armario y vestirse, después se sientan en uno de nuestros bancos mientras esperan el autobús y, durante el trayecto, se agarran a uno de nuestros asideros. Saber que nuestros productos forman parte de esos pequeños momentos cotidianos nos llena de orgullo y, al mismo tiempo, nos impulsa a seguir creando piezas bien diseñadas, bien hechas y que la gente disfrute utilizando.

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